Es impresionante como las cosas siempre (a veces) toman esos giros inesperados. Por ejemplo, me sorprende la capacidad que tiene nuestro curso ahora para dejar de entablar conversaciones racionales. Entre algunos que no escuchan más allá de sus ideas, otros que opinan por opinar, otros que se sacan por cualquier burrada que se diga, aquellos que con tal de hacer enojar a tales (porque les gusta revolver la sopa) no hacen más de meter comentario a cualquier opinio ajena que escuchen. Hablando desde un punto frío y alejado, con una visión centrada, subjetiva y desde afuera del quilombo (si preferí mantenerme al margen) digo que la paciencia en nuestro grupo esta llegando hasta los últimos refondos de las limaduras. Si van a hablar, digan cosas con sentido, coherentes y con un poco de concientización, con la cabeza abierta a las propuestas, porque al final de cuentas siempre termina pasando lo mismo: Pibes y pibas. Claro ¿y yo que hago? Lo miro desde afuera y me parece una terrible idiotez por parte de todos, lo miro desde adentro Y TAMBIÉN.
La cosa es que si uno va a hablar y opinar al respecto del otro, que sea con respeto che, ya estamos grandes para estas estupideces de jardín. Parecen los chicos que se pelean por las galletitas. Solo que sin galletitas. Las ideas que sean consisas y claras, porque como habrán dicho antes lo sobreentendido solo causa más sobreentendimientos del error. Una gran falta de madurez por parte de todos, y de apoyo porque no.
Inevitablemente las cosas juntos como antes ya están quedando en el olvido, ahora sale con las frases de "Yo con las pibas no me divierto"; "Y... no, yo con los chicos no tengo ganas de salir". Por favor, dejen sus problemas de lado. Me siento como bicho raro porque yo por mi saldría con los dos por igual, me divierto por igual de formas diferentes. Pero claro está, los pensamientos de todos son distintos y cada uno elige abrirse más para un bando que para el otro. Lástima los que estamos en el medio.
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